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Mi best-seller finally!!!

Voltiando a lo que nunca he hecho...
Por ahi he publicado un par de cuentos puberes que escribi cuando estaba pasando de la etapa del colegio a la universidad. No me enorgullezco de ellos pero tampoco los aborrezco, por eso simplemente los coloque sin pena ni gloria para que sobrevivieran el paso del papel a los bits. Estoy convencido que aca en la red perduraran al menos un tiempo mas.
Cuando los escribi me sentia el dueño de la palabra. Pero cuando me toco transcribirlos para este blog muchas cosas me dieron pena. Redescubri que los niveles de auto-exigencia y auto-tolerancia cambian mucho con los años.
Siempre he querido escribir algo por lo que sea reconocido. Algo mas que un blog de unos cuantos parrafos. Es decir, hacerme dueño de una historia...
Y vi esto en Tumblr y me llamo la atencion:

“Word count journal is a new blog format where you write one word your first day, two words the second, three words the third, etc. By the end of a non-leap year you’ll have written a total of 66, 795 words, more words than most novels".
Todavia no se como funciona porque el formato debe ser diferente al de cualquier blog de posteo diario. Deberian entrar las palabras en un sistema que permita hacer el seguimiento de la historia. Pero lo que logre ver mientras abria mi cuenta era diferente. Me toca jugar, definitivamente.
Este cuento comenzara mañana primero de Enero de 2009 y sin darme cuenta, ya sera el 5to proyecto al cual me meto en mi corta vida virtual de 4 meses (voltiando.blogspot.com, voltiando.tumblr.com, voltiando.podomatic.com, voltiando.vox.com y ahora este). En la medida que avance les contare...
A inspirarse!!!

Piso

Voltiando a los cuentos...
Desde abajo todo se veía diferente. El adquiría un sentimiento de inferioridad e impotencia incontrolable. Por suerte estaba al lado de la puerta y desde allí podía percibir por entero su apartamento; bueno, casi por entero pues el sofá le obstaculizaba la visión hacia el cuarto.
El suelo se extendía ocupándole casi todo el campo visual, y no era para menos, pues su ojo derecho estaba casi a ras del nivel del piso. "Mierda" pensó, y es que ahora es que se venía a enterar donde estaban las malditas llaves, las famosas llaves perdidas. Pensar que le había costado una cita muy prometedora, una de esas que se cree solo existen en las películas. Pero bueno... Gracias a ese embarque había conocido a la persona que ocupaba su actividad cerebral. Y su corazón. Ella era magnífica.
Realmente había sido infantil la excusa de pedir fósforos. Pero al fin y al cabo ella siguió el juego. Que estúpido se había sentido. No había pensado en la posibilidad que ella no fumara. Pero ya todo era pasado.l
Fue interesante descubrirla poco a poco, lentamente, poro a poro, suavemente. Por primera vez se sentía enamorado. Ella era la única persona que lo aceptaba sin peros, en la extensión compleja de su personalidad golpeada. Ella lo había ayudado, le había ayudado a recuperar su autoestima, a pesar de las consecuentes recaídad de su estabilidad emocional. se podría decir que era una santa. ¿Y si realmente lo era?.
La vez de la sala fue fenomenal. una descarga incontrolada de deseos y fantasías. Pensar que ahora solo quedaba una mancha en el sillón. ¿Y la vez del comerdor? alucinante, Fue casi tan única como aquella vez del cuarto, la primera vez. Pero ahora el sofá estaba atravesado, fuera de lugar.
Desde su posición en el piso al lado de la puerta no podía ver el cuarto. Y no podía recordar aquella primera vez, no podía revivirlo. Bastaba rodar solo un poco en el suelo y voltear la cara, pero prefería no moverse de su posición natural. En realidad no tenía necesidad de moverse., nada le molestaba. Ya hace tiempo la picazón del brazo dormido había cesado, casi al mismo tiempo que el hambre. ¿Para que moverse si era ella la que lo hacía todo?. Era la que lo alimentaba, la que le tenía la ropa siempre lista e incluso la que lo vestía. Era su compañera, su psicóloga y su terapeuta. Era todo para él.
Lástima que se hubiera ido tan molesta, sin despedirse. La pelea había sido grande y el no la había podido retener. Fue duro superar el trauma, por eso había llegado al piso a esa posición. Y no se había movido desde entonces.
Pero ya no la necesitaba. Ella estaba en todos los rincones de su apartamento. En la sala, en el comedor, en el lavandero, incluso en su cuarto. Su fantasma era uno y eran mil. Era la casa entera.
Solo un fantasma era diferente y fue el que más le molestó. Era ese terco fantasma de la puerta que nunca pudo mover.
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Este cuento fue escrito el 14 de julio de 1992. Y en su momento fue muy significativo para mi. En la cátedra de Audiovisual de la UCAB lo adaptamos Carlota Fuenmayor y yo y lo grabamos casi un año después. Esa grabación lamentablemente la perdí.
Pero el recuerdo de tener a mis amigos concentrados en este proyecto es imborrable, casi como ese terco fantasma del que trata el cuento.
Mil gracias a todos!!!

Ella

Voltiando a los cuentos...


El fué quien insistió primero

-¿Que te pasa, tienes miedo?

Y es que cualquiera se acobardaría en ese lugar. La luz era difusa y no aclaraba algunos rincones de la calle. Tampoco llegaba a iluminar las entradas de los edificios. Podría decirse que la luz de la luna era mas funcional que la de aquellos viejos faroles en los cuales a veces chisporroteaban los cables cuando llovía.

-¿Y entonces? - volvió a insistir.

Aún estaba indecisa. Ya era tarde y nunca había llegado a casa después de las diez. Ni siquiera aquella vez que salió al cine con su ex. Pero... de pronto recordó que sus padres estaban de viaje y no llegarían sino hasta dentro de dos días. Ya no tenía excusa, solo era su decisión.

- Creo que mejor nos vamos...
- ¡No!, vamos - aclaró ella
- Está bien.

El sonrió. Aunque a ella le pareció una sonrisa maquiavélica, solo fue una sonrisa, así que ella tomó su mano y se adentraron en aquel terreno. La cerca no fue mayor obstáculo, lo difícil vino al tratar de esquivar los huecos de la joven construcción. Ella volvió a pensarlo, tal vez no fuera buena idea, pero ya era tarde. Ya estaba metida hasta el cuello y quizás arrepentirse la dejaría como una muchacha boba.

Por primera vez en aquella noche lo miró a los ojos, encontrando un brillo desagradable.Todo él le parecía asqueroso, sin la mas mínima gracia. Pero esto no le importaba, debía avanzar.

- Aquí está bien - dijo el luego de examinar con el voltear de su cabeza la mayoría del terreno.

Ella volteó también y se dió cuenta que estaban lejos de la cerca, lejos del carro. El tiempo y la distancia se le habían ido pasando esquivando huecos. Ahora le parecía que estaban lejos, pero prefirió callar. Pensó esto justo cuando sintió un frío en su estómago. El tenía sus manos posadas sobre su vientre. No era malo, pero tampoco bueno, así que las retiró esperando un quejido de reproche. Pero el solo se sentó. Tenía una seguridad tremenda en lo que hacía y en lo que quería, así que abrió el bolso que llevaba y sacó dos cigarrillos sueltos. Luego hurgó en los bolsillos de sus pantalones y extrajo aquel yesquero dorado que siempre decía que había heredado de su abuelo.

- Sientate... ya estás aquí.

Antes que terminara de decir la frase ella se había sentado frente a él.

Cuando se sentó se había sentido pesada. Era como una pesadez en el aire que la oprimía hacia el suelo. Esto tampoco le importó, ni el humo denso y claro que salía del cigarrillo que el había encendido.

Con un pulso tembloroso, lo tomó y se lo llevó a los gordos labios, mordiéndolo. La hierba le hizo picar la lengua. Intentó aspirar, sin resultado pues el humo le llenó la boca y nariz, haciéndola toser. Aún así intentó de nuevo y esta vez sintió un calor que le llenó el pecho... y una sensación de idiotez que la recorrió desde los pies hasta los ojos, por donde sentía que le salía el humo blanquecino. El mismo que le llenaba la boca, dejándole un sabor a mantequilla rancia. Volvió a aspirar. Pero ahora toda ella era de humo, y sentía miedo de confundirse con el aire que le rodeaba. Solo la salvaba la delgada epidermis a punto de romperse por la presión.

Ya no le importaba nada, ni que no le importara algo. El había desaparecido, aunque ella no supiera cuándo y aunque supiera que estaba ahí, frente a ella, jugando con sus aterciopelados senos; otra cosa que no le importaba. Lo único que llamaba su atención era ver sus pensamientos alejarse de su mente pues su cabeza había cedido a la presión, en una abertura considerable.

Por ahí empezó a escaparse ella. Fué facil la salida: una vez que habia sacado el torso se impulsó con las manos, apoyándolas en la piel ya floja, sin contenido. Una vez terminó de salir vió su cuerpo caer al piso, todo flojo, parecía un disfraz sin nada que lo llenara. Ahora podía ver con detalles por donde había salido. Era una abertura que iba desde la oreja hasta el ojo izquierdo. ¡Que vitroso se veía su ojo!.

Empezó a jugar con su cuerpo inerte. No era que no tuviese forma, era que ella lo percibía así. Sentía que podía rellenarlo con otro aire, con viento. Esto la divertía. Intentó entonces tomar unos sonidos marrones que venían de la cerca. Eran los ruidos del carro que se alejaba. Ya era tarde y el se había ido. Y por más que buscó por todos lados no lo encontró. Solo una piedra fuera de lugar...

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El cuento anterior lo escribí hace mucho. El 6 de Julio de 1992. Estaba en segundo año de la Universidad, estudiando Comunicación Social y era una época oscura de posmodernismo. The Cure, Sentimiento Muerto eran mi soundtrack.

Este cuento (el primero de los pocos que hice) fué escrito, según recuerdo, en una noche de insomnio luego de oír "Aire" de Mecano en una vieja casetera que tenía en mi cuarto. Lo había perdido, pero una amiga (de hace mucho tiempo) se tomó la tarea de transcribirlo en computadora desde mis manuscritos (hace mucho también) y me los regaló salvando una parte de mi vida (hace mucho también).

Aire... soñe por un momento que era Aire... oxigeno, Nitrógeno y Argón!!!

Persecución




- Papá!!!!!!! nos están siguiendo!!!!!!!

Jango no se inmutó. Aunque estaba vagando en sus pensamientos sabía que podía conducir en lo que él llamaba "modo automático", subconscientemente. Ahora que lo recordaba, siempre había manejado así y esto era porque era una persona callada. Le daba igual manejar con una persona, o llevar 5 pasajeros o pilotear solo. Mejor dicho, hubiera siempre preferido estar solo. O acompañado de Bobba, quien compartía su soledad en perfecta sincronía. Ni siquiera ahora que éste gritaba perdería los estribos o volvería a la realidad.

Bobba se impacientaba, retorciéndose en su asiento y volteando sobre su hombro cada dos segundos.

- Tranquilo hijo, tranquilo que ya lo vamos a perder...

El viejo carro, que habían bautizado SLAVE I siempre respondería a las situaciones críticas como ésta. El motor crujía mientras Jango afincaba su bota en el acelerador y toneladas de humo eran lanzadas al exterior, en un proceso de combustión bastante tóxico, pero eficiente.

Jango percibía una oportunidad de perder a su acechante perseguidor en la autopista interestatal, y por eso a último minuto giró su volante bruscamente justo a tiempo para entrar en el carril que lo llevaría a la alcabala, que ni por sueños pagaría. A esa hora afortunadamente no había mucho tráfico para pagar el peaje, porque de no ser así la persecución habría acabado antes de tiempo con derramamiento de sangre y entrelazado de metales.

- Agáchate y agarrate duro Bobba!!!
...... Fue lo único que acertó a decir antes de agacharse para evitar que algún vidrio le cayera encima. Un oficial había previsto las intenciones de fuga y se había parado en frente del trayecto del SLAVE I para intentar detenerlo. Las intenciones de Jango no eran precisamente las de perder segundos valioso corrigiendo su ruta. La bota ya no podía inyectar mas gasolina pues el pedal del acelerador ya estaba contra el piso de la cabina. El SLAVE I sin embargo parecía ganar velocidad pero era solo un efecto de la inercia de la bajada. El oficial abrió al máximo sus ojos y pareció presagiar su destino.

Un fuerte estruendo se escuchó mientras el cristal de seguridad contenía el cuerpo inerte y vapuleado de la nueva víctima de la persecución. En fracciones de segundos el en vida oficial perdía la vida mientras pasaba por encima del viejo vehículo y Jango intentaba asomarse por su ventanilla para continuar su camino.
Bobba lanzó una fuerte carcajada y profería algunas malas palabras inconexas mientras se reincoporaba. El nervisosismo que destilaba hacía unos pocos minutos había desaparecido y en su lugar se exhibía la madurez emocionalmente gélida que lo hacía tan similar a su padre.

- Ayúdame a quitar el vidrio hijo!!!

Bobba se retiraba el cinturón de seguridad y acto seguido intentó golpear con los pies el destrozado vidrio. Su padre seguía conduciendo entre los demás carros y haciendo su mejor intento por esquivar los mortales huecos de la carretera en curvas. Una y otra patada y Bobba sentía que el vidrio se separaba de su base. Jango sintió el crujido y se incorporó a su asiento justo a tiempo para ver el vidrio desaparecer mientras pasaba sobre el techo. Jango dedicó unos segundos al retrovisor y observó como el vidrio caía metros atrás, impulsado por la fuerte brisa que ahora sentía directamente en el rostro. El perseguidor, en su auto deportivo amarillo se deslizaba con una asombrosa habilidad entre los demás carros que él dejaba tambaleantes en el camino como consecuencia de su entrometida conducción. Parecía que todo iba a acabar muy pronto porque ya no tendría escapatoria. El auto amarillo estaba atrapado entre otro vehículo, el muro que separaba su canal de la contravía y, como un verdugo silente, el vidrio que le estaba llegando a su capot. Jango solo quería comprobar si se cumplía su fechoría. Bobba no sabía que estaba pasando porque tenía la vista fija en la carretera.

El perseguidor del auto deportivo amarillo no tenía tanta experiencia en conducción, pero lo ayudaba un certero instinto. Aceleró aún mas y sintió como el motor respondió añadiendo dos gravedades más a la pesada fuerza que lo mantenía pegado a su asiento.

- Cuidado papá!!!!!

Jango tuvo forzosamente que volver los ojos al camino. Una curva a la derecha no estaba prevista y el carro parecía debatirse entre la fuerza centrífuga que lo alejaba del rayado trazado y la fuerza centrípeta que quería añadir con su destreza al volante. Oyó el estallar lejano del vidrio que cobraba otra víctima, y poco a poco su lucha pareció rendir fruto cuando ganaba milímetro a milímetro su permanencia en la carretera. La curva parecía ya superada y las ganas por saber que había ocurrido lo carcomían por dentro, pero ya parecía inútil seguir arriesgando la vida tontamente. Su sentido de supervivencia le indicaba que ya todo había pasado y que debía esmerarse en concretar su mimetizaje con el resto del ambiente. Solo entonces podría respirar de nuevo con calma y sonreir para celebrar su escape.

El vehículo amarillo había podido pasar casi ileso el enorme vidrio del SLAVE I, pero su carro vecino no había tenido tal dicha. Ahora Obi-Wan trataba de esconderse entre el resto de los carros que superaba una curva mortal que casi cobraba la vida de sus objetivos. Casi entre 2 nanosegundos que le sirvieron de ventana, pudo ver como el viejo carro de Jango tomaba una de las salidad de la autopista. Decidió desacelerar y seguirlo a la distancia.

Jango celebraba riendo a carcajadas con Bobba sin sospechar que la persecusión aún continuaba.

Voltiando a los cuentos...
Inspirado en la secuencia de persecución de Obi-Wan Kenobi a Jango Fett y su hijo clon Bobba al salir del planeta Kamino en STAR WARS Episodio II "El Ataque de los Clones". Este cuento fué escrito en Agosto de 2005.
"¿Quién es más tonto, el tonto, o el tonto que lo sigue?" - Obi-Wan Kenobi

LUNA ROJA


El salió. Dejo la casa vacía. Su soledad se veía acompañada desde hace unos diez años cuando abandonó todo lo que tenía para entregarse al hermetismo de su ser. Para cualquier persona ya no tendría sentido seguirse culpando por la pérdida accidental de su vida. De su vida normal. Al principio dudó, eso lo podría reconocer, de que pudiese pasar más de dos meses en completa soledad sin nadie con quien comentar del clima, o contarse las experiencias pasadas hasta el cansancio. La monotonía tiene sentido de ser en una existencia cobarde de vivir nuevas aventuras.

Se entregó al suave aire del desierto. Donde nadie lo reclamara, donde nadie le reclamara. La casa la consiguió a través del periódico. En medio de la nada. Asi podría asegurarse de vivir su retiro dignamente, sin compromisos.

Ese día, como cualquier otro, salió de casa sin esperar nada especial. Su rutinaria vida consistía de asegurarse su existencia por sus propios recursos. Su huerta era su vida, su pozo de agua mineral su angel de la guarda. Y el dia con su poderoso sol su redentor celestial.

Su vida comenzaba cada dia a las 3 de la mañana. Abre la puerta y el aire fresco de la madrugada le ayuda a despertar. No hablaba. Nunca. De hecho tenía cerca de 9 años sin pronunciar palabra alguna, pero no por eso sentía que perdería su capacidad de comunicarse. Su pensamiento le bastaba. Se hablaba y se respondía. Y en días críticos también podía pelear. La vida siempre exigiría que por alguna decisión su ritmo tuviera altibajos.

Era de madrugada, pero los tonos de lo que lo rodeaba estaban teñidos de un peculiar color escarlata. Trata de limpiarse la vista y abre de nuevo los ojos. El color lo bañaba todo. Incluso su tez.
Y entonces la vió... La Luna Roja Sobre el mar negro.

Esa misma imagen le traía recuerdos. Fue la primera luna que recuerda haber visto, fue la misma luna que iluminaba el cielo el día que decidió entregarse al olvido. Y otra vez aparecía para de alguna manera definir su destino. De nada valdría intentar escapar, el destino siempre era inalterable, o al menos así lo pensaba.

Primero león luego cordero. Su vida era una mezcla de sentimientos y sensaciones. Experiencias. Siempre pensó que era especial y tal vez solo lo era en esencia para el mismo. Una vida de excesos había acabado, una de limpieza apenas estaba comenzando. ¿Sería tal vez un simbolismo para decirle que ya la etapa dura había concluido?. Al menos el fin parecía haber llegado para el aire fresco. Ya el viento no le movía el cabello.

Respira otra vez para cargarse los pulmones antes de terminar de abrir la puerta y salir por el umbral.
Ruega a Dios poder volver del desierto desde que vio la luna roja sobre el mar negro.

¿Quién podría corroborar si esa misma luna se veía en otro rincon del planeta? Ya el cielo había recobrado su color azul claro típico de otro día asoleado. Y la luna roja todavía define perfiles a su antojo. Alguien con quien hablar es urgente. La necesidad se torna imperiosa, pero también crece su sentido de autodeterminación. Cierra la puerta tras de sí y casi se persigna, pero como un derecho reprimido siempre duele en el alma, abre la boca y dice su primera - y única - frase en años: "Cuídame yo te cuidaré".

Yo tambien pagué placeres ciegos y no quiero ver la luna roja sobre el mar negro
El miedo emociona embriagantemente. El primer paso había sido dado. El destino estaba al borde de su última definición.

Ver la luna a plena luz del sol no es un buen indicio. Es peligrosa. Te hace mortal.

Voltiando a los cuentos... Las frases resaltadas pertenecen a la lírica de la canción "Luna Roja", de SODA STEREO, una de mis preferidas.
Gracias... totales!!!