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El Avila








Voltiando a la naturaleza...
Caracas tambien es conocida como "La sultana del Avila" y en retribucion la montaña es llamada el "pulmon vegetal de Caracas". Es dificil poder imaginar a la ciudad sin la montaña y viceversa...
Creo que todos los caraqueños nacemos con una profunda devoción a esta hermosa cordillera de 85 mil hectáreas que adornan la vista con picos que van desde los 120 metros hasta 2765 (pico Naiguatá) sobre el nivel del mar.

Historias, lugares especiales y mitos hay muchos. Las ruinas de la hacienda del conde Mestiatti (quien huyo de Italia escapando de su matrimonio), las momias del Dr. Kanoche (quien desarrolló un líquido con el que embalsamaba cadáveres que no eran retirados del hspital), el fastuoso Hotel Humboldt de la era de oro de Caracas, Galipan y sus flores, la vista insuperable desde el Pico Naiguatá y la más recorrida de Sabas Nieves. Tambien hay quienes cuentan que la montaña es hueca por dentro y que sirve de base a los alienígenas que un día decidirán salir a quien-sabe-que, otros mencionan que es un volcán inactivo y que parte de su potencial lo demostró aquel Diciembre trágico en montañas de lodo que arrasaron con miles de vidas en las poblaciones costeras del litoral caribe.

Para mi, venir a Caracas será siempre una excusa para volver a ver a mi amada, la que me vió crecer, la que me brindó momentos inolvidables cuando intenté conquistarla, la que me ayudó a recuperar mi salud cuando intentaba entre gotas de sudor, dominarla a paso más acelerado.

Afortunadamente, a pesar de haberse ya concretado un camino completamente asfaltado que une Macuto con San Bernardino , y a costa del remodelado teleférico que sube cientos de personas cada semana, se mantiene la frescura y el crecimiento económico de sus habitantes está sustentado en un desarrollo ecoturístico que la preserva bien.

A quienes quieran visitar la ciudad de Caracas mi mejor recomendación es acercarse a la montaña y rejuvenecer su espíritu.

A respirar!

En el jardin de Zóez





Voltiando a lo místico...

Hace un par de semanas estaba, por cuestiones de trabajo, disfrutando de lugares muy especiales en mi querido cerro El Avila. Y un lugar en especial me llamó la atención... se trata del jardín de Zóez, conocido como el "Museo de las Piedras Marinas Soñadoras".

De entrada, un nombre así sorprende a cualquiera y lo prepara para entrar en un lugar diferente a los demás... y es así.

Recuerdo en mi adolescencia haber leído de este lugar en un reportaje de la extinta revista Pandora o en Feriado (no tengo tanta precisión sobre el medio). Y en aquel entonces, en mi época púber de noviecitas era como algo aspiracional poder convencer a alguien de ir allá (había que entrar en pareja) y segundo conseguir como llegar (esto queda un poco más abajo de Galipán en la ruta que baja a la Guaira - para esa época era una carretera muy rústica).

Y finalmente, luego de unos 14 años cosas de trabajo me llevaron allí, con el fin de presentar experiencias multimedia de los equipos N Series de Nokia ante periodistas y blogueros venezolanos.

Zóez es en verdad un personaje de novela. Es un hippie de 60 años que aparenta 40 y que tiene una peculiar fijación-obsesión con las mujeres. Por eso la regla de que hayan mujeres en el grupo. Pero luego que uno entra en su mundo (su jardín, su museo), termina reconociendo que lo que él hace es simplemente venerar la deidad femenina en cada respiro suyo, reflejado en cada obra que el ha hecho.

En ciertos momento asusta, uno voltea y por doquier aprecia representaciones de vulvas, o de senos, como los que acompañan su sueño de cada noche, pues él mismo ha construido su cama manteniendo esa devoción femenina quien sabe si atorado en una etapa preinfantil de amamantamiento, quien sabe si anhelando nunca perder el acercamiento a la mujer de su vida.

Reseñar mas en detalle sería como contarles el final de una película, asi que simplemente quiero invitarles a visitar este inlvidable monumento. Y cuando lleguen allá pidan hablar personalmente con Zóez en caso que los atienda alguna otra persona que les muestre el museo. Solo un verdadero artista sigue viviendo an cada una de sus obras como él lo hace.

Vive la femme!