Piso

Voltiando a los cuentos...
Desde abajo todo se veía diferente. El adquiría un sentimiento de inferioridad e impotencia incontrolable. Por suerte estaba al lado de la puerta y desde allí podía percibir por entero su apartamento; bueno, casi por entero pues el sofá le obstaculizaba la visión hacia el cuarto.
El suelo se extendía ocupándole casi todo el campo visual, y no era para menos, pues su ojo derecho estaba casi a ras del nivel del piso. "Mierda" pensó, y es que ahora es que se venía a enterar donde estaban las malditas llaves, las famosas llaves perdidas. Pensar que le había costado una cita muy prometedora, una de esas que se cree solo existen en las películas. Pero bueno... Gracias a ese embarque había conocido a la persona que ocupaba su actividad cerebral. Y su corazón. Ella era magnífica.
Realmente había sido infantil la excusa de pedir fósforos. Pero al fin y al cabo ella siguió el juego. Que estúpido se había sentido. No había pensado en la posibilidad que ella no fumara. Pero ya todo era pasado.l
Fue interesante descubrirla poco a poco, lentamente, poro a poro, suavemente. Por primera vez se sentía enamorado. Ella era la única persona que lo aceptaba sin peros, en la extensión compleja de su personalidad golpeada. Ella lo había ayudado, le había ayudado a recuperar su autoestima, a pesar de las consecuentes recaídad de su estabilidad emocional. se podría decir que era una santa. ¿Y si realmente lo era?.
La vez de la sala fue fenomenal. una descarga incontrolada de deseos y fantasías. Pensar que ahora solo quedaba una mancha en el sillón. ¿Y la vez del comerdor? alucinante, Fue casi tan única como aquella vez del cuarto, la primera vez. Pero ahora el sofá estaba atravesado, fuera de lugar.
Desde su posición en el piso al lado de la puerta no podía ver el cuarto. Y no podía recordar aquella primera vez, no podía revivirlo. Bastaba rodar solo un poco en el suelo y voltear la cara, pero prefería no moverse de su posición natural. En realidad no tenía necesidad de moverse., nada le molestaba. Ya hace tiempo la picazón del brazo dormido había cesado, casi al mismo tiempo que el hambre. ¿Para que moverse si era ella la que lo hacía todo?. Era la que lo alimentaba, la que le tenía la ropa siempre lista e incluso la que lo vestía. Era su compañera, su psicóloga y su terapeuta. Era todo para él.
Lástima que se hubiera ido tan molesta, sin despedirse. La pelea había sido grande y el no la había podido retener. Fue duro superar el trauma, por eso había llegado al piso a esa posición. Y no se había movido desde entonces.
Pero ya no la necesitaba. Ella estaba en todos los rincones de su apartamento. En la sala, en el comedor, en el lavandero, incluso en su cuarto. Su fantasma era uno y eran mil. Era la casa entera.
Solo un fantasma era diferente y fue el que más le molestó. Era ese terco fantasma de la puerta que nunca pudo mover.
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Este cuento fue escrito el 14 de julio de 1992. Y en su momento fue muy significativo para mi. En la cátedra de Audiovisual de la UCAB lo adaptamos Carlota Fuenmayor y yo y lo grabamos casi un año después. Esa grabación lamentablemente la perdí.
Pero el recuerdo de tener a mis amigos concentrados en este proyecto es imborrable, casi como ese terco fantasma del que trata el cuento.
Mil gracias a todos!!!

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